La delegación argentina en Washington continuó este lunes los contactos con el staff del Fondo Monetario, con el que intentará acortar distancias hacia un entendimiento técnico. Con ese consenso en la mano, se estima que a lo largo de diciembre el Gobierno presentará el programa económico pluarianual en el Congreso para su discusión con la oposición.

La discusión técnica con el equipo del FMI versará sobre distintos indicadores decisivos para la macroeconomía de los próximos años, como el crecimiento del PBI, el nivel del déficit fiscal y su financiación, la inflación, la brecha cambiaria y las reservas internacionales, entre otras. Este lunes continuaron las negociaciones que fuentes oficiales solo remarcaron como “de bajo perfil”.
También habrá, en el marco de ese debate técnico, distintos límites que el Fondo Monetario intentará imprimirle al programa económico, sobre todo en algunos aspectos que históricamente en programas financieros de este tipo el organismo financiero considera imprescindibles. El acuerdo que negocia la Argentina y el FMI es un Extended Fund Facility (EFF) que tiene diez años de duración, cuatro años y medio de plazo de gracia y que buscará despejar vencimientos de los USD 43.200 millones que faltan devolver a Washington, la mayor parte en 2022 y 2023.
Según un informe de la consultora Abeceb difundido solo ante clientes, las tres cuestiones que el FMI buscará pulsear con el Gobierno en estos días serán tres: un ajuste fiscal para hacer sustentable la deuda, la recomposición de reservas para evitar problemas de liquidez externa y por último, un control sobre la expansión del crédito doméstico para controlar la inflación. “No habrá free lunch. Los tres puntos implican costos”, consideraron desde esa consultora.
Respecto al primer punto, Abeceb mencionó que “no se puede recurrir a la aceleración de la inflación para licuar los salarios, transferencias y pensiones, como hizo Guzmán en el primer semestre. El paso fundamental es ajustar tarifas. El Congreso, incluyendo el kirchnerismo, debe empezar por aprobar el presupuesto. No hay que olvidar que si se logra mantener la recuperación, jugará a favor la recaudación tributaria. Asimismo, la sustentabilidad de la deuda se facilita cuando el PBI crece. Y también cuando los intereses a pagar caen. Aquí hay que ver si el FMI acepta una reducción de la tasa”, explicaron.
Respecto al déficit primario, Guzmán busca que el 2022 pueda terminar con un 3,3% del PBI para 2022. Por su lado, de acuerdo a estimaciones privadas, el Fondo Monetario busca una cifra más cercana al 2,5% del PBI. De esa forma, la diferencia entre una posición y otra sería de unos $350.000 millones.
Sobre las reservas, Abeceb apuntó que “es uno de los desafíos de corto plazo más difíciles pues implica diseñar un nuevo régimen cambiario al tiempo que se debe corregir la paridad para reducir la brecha. Probablemente el FMI acepte un desdoblamiento cambiario siempre que se ordene el existente. Por ejemplo, apuntando a pasar a un tipo comercial y otro financiero. Pero el timing va a ser crucial”, mencionaron.
Por otro lado, dijeron que “una corrección exagerada con un pass through (traslado a precios) alto como el nuestro juega en contra de la inflación. Para suavizar el salto cambiario hay que conseguir reservas por otros medios. El gobierno podría recurrir a incentivos fiscales para adelantar liquidaciones –por ejemplo, reduciendo temporalmente las retenciones a la cosecha fina– pero tiene costo fiscal”, continuó Abeceb.
El tercer punto es el control sobre la expansión del crédito doméstico, que según la consultora “tiene como condición necesaria el control del déficit fiscal”. “El FMI suele ser estricto en lo que hace a la evolución de los agregados monetarios e, incluso, suele equivocarse por exceso más que por defecto. Quizás se exija que el gobierno utilice más las tasas de interés como forma de favorecer la demanda de activos domésticos; un costo importante es que aumenta el déficit cuasifiscal del BCRA”, concluyeron desde ese centro de estudios fundado por Dante Sica.
La negociación de la deuda con el FMI no solo estará marcada por las condicionalidades y prioridades de cada lado de la mesa, sino del desarrollo de una compleja secuencia que el organismo sostiene para acordar un programa financiero con un país miembro.
 

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